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Esta semana se ha iniciado un tratamiento en la iglesia del municipio, que data del siglo XV, para eliminar una plaga de termitas, carcoma y hongos de la pudrición, que están afectando a varias zonas del suelo, la cubierta y piezas específicas de carpintería interior.

La termita subterránea, del género Reticuletermes, hace sus nidos en la tierra y se alimenta de madera húmeda, haciendo túneles en la misma para acender. Por su parte, la carcoma común y carcoma gigante se alimentan de la celulosa de la madera, haciendo agujeros en todos los elementos fabricados con ella. Por último, los hongos de pudrición se acumulan en lugares donde ha habido filtraciones de agua, debilitando la misma.

El coste de la operación asciende a 9.800 euros, con la aplicación de un producto que impide a los insectos renovar su piel tras la muda. Para ello, se colocan cebos con celulosa en las cercanías de donde se sospecha la existencia de colonias de termitas, cuando estas empiezan a alimentarse del mismo, se cambia por otro similar con biocida, afectando a toda la colonia. La vigilancia de su efictividad se realiza durante cinco años.

La cubierta de la iglesia se tratará aplicando por pulverización de un insecticida en la madera.